El presidente de la Fundación COPE, Rafael Pérez del Puerto, ha concedido una entrevista en la que ha analizado el futuro de la radio en España. En El Debate, Pérez del Puerto ha respondido a cuestiones como el podcast, la situación de los estudiantes de periodismo y la situación del humanismo cristiano en la sociedad.
Pérez del Puerto ha explicado las labores que realiza la Fundación COPE, que preside: «Tiene ya más de 30 años de historia y se encarga de ofrecer una formación excelente para profesionales de radio. Tenemos un máster oficial con el CEU, un máster de periodismo deportivo, la formación de los profesionales de COPE y TRECE, cursos de posgrado, edición de libros…».
Para Pérez del Puerto, la digitalización de la radio acerca a los comunicadores y oyentes: «Los comunicadores están recibiendo información de lo que está pensando su audiencia en directo a través de las redes. Esto es un activo importantísimo. La radio se ha convertido en algo mucho más cercano».
Su consejo para los estudiantes es el siguiente: «La radio es el enfermo crónico con mejor salud que existe. Al estudiante le diría que es un medio con cuerda para rato y, para triunfar, que escuche mucha radio, que se enamore de este medio».
Pérez del Puerto ha hablado también sobre la dificultad de reconocerse como cristiano en los medios de comunicación: «Te voy a contar una anécdota sobre el tema. Con la llegada de la democracia, en el 77, el Ya era el periódico de más tirada y había costumbre de llevarlo debajo del brazo de camino al trabajo. En ese momento se produjo un fenómeno: los autodenominados progresistas señalaban a aquellos que llevaban el Ya debajo del brazo. A raíz de eso empezó a haber una persecución y una autovergüenza de sentirse cristiano. Pero creo que eso ha cambiado. COPE tiene alrededor del 25 % de la radio en España y es claramente cristiano».
El presidente observa también una crisis de valores en la sociedad en la que vivimos: «En la sociedad actual lo que hay una crisis de valores. Creemos que lo tenemos todo y no somos felices. La única manera de combatir eso es poner en valor los principios tradicionales de las sociedades occidentales y estos son cristianos».







